Espalda a espalda con mi hermana locura, nuevos son los enemigos que en mi empuñadura brillan. Rápido caen ante mi acero, pues muchos en el dejaron su ultimo aliento. Matando en nombre del bien, protegiendo al inocente y así poco a poco vendiendo cachos de mi alma a ese ser inexistente. Contra mas de ellos caían, mas libre se sentía mi alma. Hasta que la perdí, no quedo nada. Acabe con cada uno de los sentimientos que me atormentaban y me quede vació, en blanco; se apago la llama. No hay momento en el que no piense cuando llegara mi hora, pues mi existencia caerá como la ultima flor de cerezo. Pronto llegara el maestro que le de un paso nuevo a mi pensamiento y con mi sangre prosiga tan macabra historia;
la del hombre que mato a sus sentimientos y lloraba por que llegara su hora.
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