Corro por el bosque, la noche lo abarca todo. Oigo ruidos y crujidos a mi paso. Ya no distingo entre realidad o imaginación.
La luna desapareció fugazmente, el ruido de los animales a mi paso ya no se estremece. Sombras demoníacas es lo único que a mí alrededor campan, perseguido por ese enemigo que ni respira ni descansa.
Fatigado sigo corriendo, sin rumbo, esquivando encinas. No se de que huyo pero casi lo tengo encima, puedo notar su aliento contra mi nuca, su respiración extremadamente agitada.
¡Hoy no por favor! déjame llegar a mañana…
Es lo único que atino ha decir en esta eterna cabalgata. En la que yo me persigo a mi mismo; y no se de quien se trata.
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